Desde que el hombre existe ha buscado la forma de protegerse de las inclemencias del tiempo, del frío y de la lluvia.
Tras abrigarse en cavernas, pronto adquirió los conocimientos necesarios para poder construir sus propios refugios y para cubrir estos utilizó multitud de elementos, ramas, cortezas y hojas de árbol, láminas de pizarra, tablas...
Desde las fechas más remotas, descubrió las virtudes de la arcilla cocida, moldeada en pequeñas piezas curvadas, que podían ser encajadas unas en otras, que evitaban por completo la filtración del agua y resultaban fáciles de fabricar y transportar.
Las tejas han dado, y siguen dando, desde siempre, el nombre a la cubierta de los edificios.